La Comarca

Creo que a veces me siento atado por “mi destino”. No como “aquello a lo que estoy destinado”, sino más bien “aquello a lo que yo me he destinado”. Tengo mis planes y mis metas, me van saliendo bien, pero tiempo ha que no existe la persona que los soñó. Hace ya mucho que construí el modelo de vida (del que se desprende el modelo de persona) que quería tener, pero creo que, aunque sigo el camino que me marqué hace años, ya no soy quien decidiera seguirlo.

Un ejemplo de esto es venir a Madrid. En “el plan de mi vida” vivir aquí es una pieza clave. Antes pensaba (a menor escala, porque dicho asi va a sonar megalómano) que estaban las personas que vivían y las que salvavan al mundo. Siempre me construí como una de las segundas, pero en el fondo, lloro como una de las primeras. No quiero decir que esté continuamente representando a un personaje. Si tuviera que decir sinceramente como soy, me describiría como me he construido, pues no conozco, en realidad, a ningún otro yo. De esta forma, toda mi vida, mi forma de ser, mi ego, mi pensamiento y el hecho de que use verbos como articular o construir es algo que se desarrolla como la “construcción del modelo de persona que quería ser para llegar allí”.

Recuerdo que, estando en Tenerife, solía comparar la isla con La Comarca (El Señor de los Anillos). Es un lugar -cual feto materno- que está muy bien, pero del que eventualmente hay que salir, y esta salida sería -según yo planteaba- un paso natural para todo aquel que quisiera avanzar. Ahora lo pienso con calma y me doy cuenta de que existe una manía tremenda por avanzar. Creo que lo que hay que hacer es en realidad, retroceder, ir a lo más elemental. Hace meses lo hablaba con alguien que me decía que lo que debía hacer era “pasar del resto” y perseguir mi sueño, ahora creo que mi sueño es perseguirla a ella, pero jugando, y en un parque…

Tengo un amigo que piensa que en la vida hay que experimentar el mayor número de emociones y sensaciones posibles, últimamente pienso que el camino va en el sentido contrario, que hay que buscar hacia dentro y no hacia fuera. Creo que el murmullo de los ojos de las miradas en movimiento va mucho más allá del la realidad sensitiva y del deseo racional.

Es curioso lo mucho que este rol auto-construido me ha llegado a definir. Seguramente cuando alguien me vea puede pensarme como una persona egocéntrica, reflexiva, tiránica, creativa, apasionada, megalómana… Me gusta que me vean así, me gusta que me vean ególatra o tirano aunque no lo sea, porque es así como seré lo que me auto-destino a ser, y de facto, soy todo eso, pero a la vez no. Es, de alguna manera, la única construcción que he hecho de mi mismo, y por ende, lo único que soy, pero es, a la vez, una construcción (que, aclaro, no tiene nada que ver con un personaje). No dudo que de seguir por este camino acabaría consiguiendo lo que siempre he pensado que quiero (si me conoces ya sabes lo que es) pero creo que el tipo de cosas que de verdad me hacen, las que dotan de significado concreto a mi Objeto A de forma más intensa tienen poco que ver con eso. No quiero ser Frodo. Frodo se buscó en la Tierra Media, en la realización que tiene que ver, no solo con lo desconocido, sino con el mérito, con el Camino del Héroe, Frodo, en última estancia, salvó el Mundo, se sacrifico. Lo que yo quiero no es avaricioso, simplemente me he dado cuenta de que no me llenan los grandes actos, ni las grandes palabras. Los parlamentos no tienen forma de útero y los caminos de la gloria no son trompas de Falopio. De hecho, creo que el útero no existe, tampoco lo hacen el sexo ni la comida. Tu sí, y to también.

Podría pasarme la vida simplemente mirando a los ojos a determinadas personas, y creo que eso sería mucho más infinito que salvar al mundo de la sombra junguiana. Podría difuminar mi ser en la fragancia de otros labios y tendría de largo más verdad que cualquier destino que el más arquetípico, puro o santo de los héroes pudiera desear. La Laguna, Tenerife, es un lugar muy especial, me recuerda a La Comarca. No es sólo que tenga (y es literal) más color, ni si quiera que tenga un alma propia, sino que está llena de Hobbits. Cuando leía el Señor de Los Anillos, siempre me identificaba con Gandalf (que ni siquiera es humano), al igual que en Harry Potter lo hacía con Dumbledore (que eligió el poder frente a la vida). Creo que tiene mucho que ver con el tipo de persona que me he construido: etéreo, completo, sabio… Pero ya no quiero ser Gandalf, si siquiera Sam, no quiero ser ni sabio, ni etéreo. Quiero ser yo. Y yo, te quiero a ti.