Violencia y democracia

Nunca he sido un gran fan de la democracia, mucho menos del parlamentarismo burgues. Ahora bien, resulta evidente que para que ésta (la real) exista -además por supuesto de anular el potencial chantaje del capital mediante la nacionalización de los sectores que permiten el normal desarrollo de la res publica- es necesario algo muy importante: poner fin al monopolio de la violencia que tradicionalmente el estado tiene en las (ahora post)monarquías europeas. Y esto se consigue, naturalmente [re]distribuyendo la violencia potencial. En este sentido -y entendiendola además como uno de los elementos necesariamente constitutivos del poder como estado- no sería de extrañar que cualquier demócrata defendiera la normalización de la violencia al estilo de la segunda enmienda.

Habrá quien diga que el único resultado de este derecho es el de repetidas masacres en los colegios, yo le respondería que el problema no es del derecho sino de lo enfermo de algunas sociedades, y que le pregunte a las Panteras Negras de lo que les sirvió cuando entendieron que debían usarlo como propio. La virtud de un estado democrático es cuestionable, lo que no lo parece tanto es la imposibilidad del mismo si el poder no es reclamable por el “demos”. Ya me gustaría a mí haber visto a Wert, a Montoro, al mismo Jefe de Estado o a algunos de los pparlamentarios proponiendo o comentando ciertas cosas (“Qué se jodan” , gracias señora Fabra, admiro su talante democrático) sabiendo que la gente podría responder, y es que es en ese poder, en el de respuesta y control en que consiste la Democracia. Porque al final, más allá de las muchas estupideces que nos muestra lo hegemónico, la cosa va de si tienes poder real, o no, y sin armas, no hay poder.

Lógicamente preferiría un escenario el que éstasno existieran, pero claro, en ese caso tampoco el estado las tendría. También habrá quien diga que es razonable que el estado (gobierno) en tanto que no es sino un elemento representativo de la soberanía popular, debe disponer de ciertos elementos para sustentarse, (¿entonces cuando la violencia emana del estado se es justa?, seguramente el Sr. Felipe Galzález diría que sí, pero tampoco es que el hombre un gran dechado de espíritu democrático). Como yo lo entiendo el gobierno no ha de ser sino un servidor que refleje la voluntad de su amo, su dictador, la gente. Y tradicionalmente a los sirvientes, no se les da más poder que el que tienen los amos.

Terrorismo

Esta es una reflexión dura, desagradable, ácida, pero que me parece importante compartir. La mayoría de los conflictos derivan de una situación opresor-oprimido, de ese modo, no se puede equiparar la violencia del uno con la del otro. Esto no es sino la expresión desesperada de un problema político tremendamente complejo. Y en este caso, lo que ha hecho el oprimido es inmoral e injustificable. Es verdad que esto le hace perder la razón, con todo, creo que si de verdad queremos solucionar algo, hemos de preguntarle ¿por qué? Hemos de ser capaces de mirarnos, como pueblo, y decirnos: ¿qué hemos hecho mal? Aciago lo que ha ocurrido, pero responder con más violencia, o con barreras, con racismo, o recortando libertades, no hará sino empeorarlo todo. La única salida a esto es trabajar juntos, viéndonos como pueblos hermanos, como iguales. Para lograrlo debemos liberarnos de la “superioridad moral” de la que nos dota lo avanzado de nuestra cultura y mirar a nuestros compañeros como nos miraríamos a nosotros mismos. Mirando, no a locos desalmados que disfrutan poniendo bombas, sino a nuestros acompañantes de biografía y sentimiento, a (y de esto es muy importante no olvidarse) seres humanos.

Tiempos momentos y personas

Pasamos nuestra vida buscando tiempos, momentos y personas que nos ayuden de algún modo, a revivir las emociones que un día tuvimos. Y aunque con la experiencia ganemos en calidad, el disfrute no reside en esta, sino en el hecho de descubrir la propia emoción. Y no es esa persona en sí, aunque lo creamos, pero el recuerdo de lo que fue lo que deseamos.

Sentir o vagar, perderse y no dejarse encontrar

Sentir o vagar, perderse y no dejarse encontrar.
Desear la vida para anelar la muerte, rogar por su ida, y así no perderte.
Practicar para decirte lo que siento, y que lo deseches aun antes de que mis palabras se las lleve el viento.
Soñar con triunfar, ¿o es un contratiempo?

Hay veces en las que, símplemente, no se que pensar. Una vez, tampoco hace mucho un amigo me dijo algo que me acabó marcando “olvida lo que dicen que es lo correcto, haz lo que tu creas que es mejor, actual en pos de la felicidad, de como te haga sentir lo que haces”.
La verdad, ahora mismo desearía no haber escuchado eso nunca. Me pregunto por qué símplemente no lo dejé ir, por qué siguí luchando por . Supongo que olvide que la esperanza es solo el último de los males que salidos de la caja de pandora.
Presumo que quise ignorar que los finales felices y las declaraciones bonitas existen en los guiones de las peliculas (aunque creo que esta sí hubiera sido bastante bonita). Imagino que fue mi miedo a perder a la persona que me hizo darme cuenta de que los sentimientos iban más allá de la bioquímica, lo que me llevo a no entender que hacía tiempo que ella ya se había ido.

Todos me decían que lo dejara pasar, yo nunca quise. No se si fue por esa dichosa esperanza de la que tanto hablan, o por esa capacidad de distorsion de la realidad /que muchos me atribuyen. Creo que en realidad fue el sentimiento, eso que antes tanto repudié y en lo que ella me enseñor acreer. Fue el sentimiento el que me cegó a la evidencia. Sentir o vagar, me pierdo para no dejarme encontrar.

Esta mañana era felicidad e ilusión y ahora es melancolía y desesperanza /¿o aceptación?/. ¿Realmente exise una diferencia?Desear la vida para anelar la muerte, rogar por su ida, y así no perderla.

Creía realmente en que las que cosas podrían ser de otra forma y que ella sería parte de ese nuevo aspecto. Ensayaba esta misma mañaña lo que le diría, calculaba todos los detalles, ahora me faltan las razones para levantarme de la cama. Practicar para declarar un sentimiento y que lo desechase aun antes de que mis palabras se las llevase el viento.

Sueño con ella, y de verdad que lo siento.

Tanto por decir

Por esas cosas que dices sólo por decir cosas cuando no sabes que cosas decir, porque hay cosas que no sabes cómo decir. Por esos sueños perdidos, encontrados por aquellos que no desean sino ser buscados. Por cuales como amores no correspondidos, se siente pura correspondencia. Empero aun más por los rostros imbuidos, los, porque prendados, esperan a ser esperados, suspirando herrar en la prudencia de sus suspiros.