Trabajo de economía

El trabajo consistía en _resumen_ y análisis breve (dos caras a letra 12) de los textos que adjunto.

Es clara la relación entre ambas lecturas en tanto que muestras de dos, no sólo concepciones axialmente diferentes de qué debe ser la economía, sino de concepción de un ideal de modus vivendi común, de vector que ha de marcar todo nuestro hábito en el sentido de comprensión de la vida.

El primer texto está centrado en la economía paleolítica. Sahlins se propone desmontar la imagen hegemónica de este periódico como una época de pobreza, proponiendo, por el contrario, un modelo alternativo que plantea que esta fue una edad, a todas luces, de opulencia. Un primer planteamiento a este fin reside en la idea de la “opulencia” como capacidad de satisfacción de las necesidades. Y es aquí donde el autor introduce uno de los términos que, si no de los más usados, si será clave a la hora de entender su exposición, el de una suerte de idea “Zen”. Cuando históricamente se ha pensado esta etapa, siempre se ha hecho desde una embelesada óptica moderna-occidental, que influye en nuestra impresión y que nos impide entender lo que es fundamental en este periodo. La clave reside en la ausencia de concepción de propiedad, obviamente consecuente, apunta M.S., de la abundancia de recursos. Al no haber duda de que estos estarán allí, se pierde la necesidad de aprovisionamiento, ergo la de propiedad, acumulación… También se expone, algo que recibe especial carga en el texto y demuestra igualmente lo equivocado del credo moderno de: si no aparecía la cultura era por falta de tiempo. El ensayo aporta suficientes estudios como para sostener que la falta de producción cultural no es tanto por la falta de tiempo, sino por el acceso de ocio (al disponer de demasiado tiempo). No dejar de mencionar, de cara a la no acumulación, no solo la concepción “Zen” sino que es ontológico a la vida nómada, como expone el autor, la incompatibilidad con la propiedad (como se concibe hoy). El texto concluye con un análisis crítico de la construcción de idiosincrasia contemporánea, comenta que el aumento del hambre y las desigualdades han sido históricamente inherentes a desarrollo de la “civilización”. La pobreza sería, de este modo, un constructo histórico, un estado social más característico de las relaciones personales que de la tensión medios-fines. Por tanto, sólo un análisis que naciera ciego al no contemplar esto, entendería, a la visión de M. Sahlins, al paleolítico como un periodo de pobreza.

El segundo texto, por el contrario, se centra en una visión mucho más “técnica”. Trata de dilucidar en torno a la definición y naturaleza de lo que sea Ciencia Económica. Todo su discurso, es en sí, un intento de acotar estas preguntas. Lionel Robbins parte de la idea de que no existe una definición clara de economía. Primero se genera la ciencia y luego su definición, de esta forma, definirla sería hallar el denominador común de todos los problemas que entendemos por económicos, y abstraer este en una disciplina que nos sirviera para delimitar la utilidad y alcance de esta. Así, el autor plantea dos concepciones, una material y otra “de la escasez” enfrentándolas y analizándolas, para concluir que es una versión de la segunda la única capaz de abarcar todo el estudio de lo económico.

Paso ahora al análisis, que es, si se me permite, lo interesante. Empecé comentando la clara oposición que plantean los dos escritos, lo que, al haberme dedicado hasta ahora a una descripción de ambos, no he podido justificar, y es, por tanto, lo más apremiante. La contradicción a la que me refiero entre sendos textos subyace en la idea categóricamente contraria de la que se alimentan. Mientras que Sahlins entiende que la base de la concepción paleolítica está basada en la no idea de escasez, la conclusión que obtiene Robbins al dar por buena una definición de Ciencia Económica es precisamente, la escasez. Cabría preguntarse, y este es un análisis que me resulta de especial calado, si, la deferencia de interpretación corresponde más a la forma de vivir de la sociedad analizada (para el primer caso la paleolítica y en el segundo moderna y contemporánea), o si deriva de la propia visión de los autores en torno a un deber ser universal. Podríamos suponer lo primero, pero eso no justificaría la dura crítica que se hace al final del ensayo sobre el paleolítico a la sociedad actual. Debemos por tanto acoger la segunda, y asumirla significa entender que las concepciones que los autores que analizan la economía han tenido, tuvieron también, un efecto performativo en la sociedad. Esto es, que el análisis economicista basado en la escasez, es, en parte (no se puede obviar la diferencia en las condiciones materiales) lo que genera, a posteriori, la idiosincrasia que describe.

Me sigue interesando, del mismo modo, la parte final del primer texto (el de Sahlins). Comparto de pleno su radiografía de la situación y su crítica moral. No obstante, sí entiendo que puede pecar de cierto simplismo, paso a explicarme: no es difícil estar de acuerdo con él en lo paradójico de que el avance en civilización traiga consigo una regresión es este sentido, pero cabría añadir al análisis el hecho de que el desarrollo cultural, y sobre todo, demográfico, dificultan enormemente la gestión de una población o sociedad, aumentando de tal forma el número de individuos marginados.

Existe aún, y aquí quizá deba dar un paso atrás en relación a mi anterior planteamiento, la incertidumbre de si es realmente o no, el aumento de la pobreza un hecho inalienable del desarrollo de una sociedad, -temo que se entienda que me alejo demasiado del tema, pero a mí me parece que está fuertemente ligado-. Supongo que lo primero para responder a la cuestión del progreso sería definirlo. Considero que para responder positivamente, habría que desligarlo de la visión clásica -con la que posiblemente Robbins coincidiera más- de avance material y llevarlo al campo de lo humano, del pensamiento. Resulta sino menos, curioso, lo mucho que ha evolucionado lo material y lo poco que lo ha hecho lo ideal. En este segundo sentido, creo que sí se podría vincular progreso y no pobreza.

Otro planteamiento, en el que, de nuevo, chocan ambas líneas es el de la gestión de la vida, a lo que me referí al principio como “ideal de modus vivendi común”. Resulta evidente que, en la sociedad, o simplemente, en la coyuntura actual (pues para esto no es necesaria construcción de sociedad alguna), no es sostenible una administración que deje de contemplar la previsión, o la eventual carencia de recursos, la especialización de la sociedad (ya no todos podemos cazar o recolectar, nuestra supervivencia requiere más funciones), o la propia escasez. Pero esto no nos impide rescatar algo sublime del paleolítico, con incalculable valor para todos y todas nosotras: en ese periodo no existía la propiedad, por tanto, tampoco su vertiente privada, no se competía entre “iguales”. Esto nos quiere decir que no se pude vincular la competencia de forma directa a la necesidad de supervivencia, a la naturaleza humana, sino que habría un paso intermedio, la ambición. Habrá quien rebata esto diciendo que sí que está vinculada pero que al ser recursos casi-ilimitados esta no emana. Sería una objeción aguda si no contemplara que esa misma competencia aflora en casos en lo que no existe una vinculación con la supervivencia más clara que la que hay en un cuadro de recursos abundantes.

De este modo, entender la economía al modo moderno, el de Lionel Robbins, es, claro, funcional, pero es corrupto en tanto que forma de entender el comportamiento social. Entiendo que, en tanto que falta de escasez, este autor tildaría la situación paleolítica de no-económica: sobra tiempo y recursos, hay poca “oferta de ocio”, por lo que no hay mucho donde elegir, de esta forma, no quedaría sino pensar en la idealización como “Ciencia de lo no económico”. Así, a modo de conclusión, se podría entender, en una forma algo sesgada, la economía (o su versión como “ciencia de la elección”) como una especie de anfetamina: nos hace funcionar rápido, hábiles, pero nos destruye por dentro y nos separa de nosotros mismos.

Lecturas de base:

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